Pieza del mes: Bañera

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Antigua bañera de barro

Bañera


En el museo conventual podemos ver una gran tinaja de barro de principios del siglo XX, que, aunque es confundida a primera vista como una tinaja para guardar aceite o embutido, en realidad es una bañera.

Comencemos diciendo que los frailes no se bañaban. Eso no significa que no se lavasen, sino que el baño era considerado un lujo, y por tanto esta bañera no se usó para el fin original con el que fue hecha; primero atenderemos a su función principal, la del baño; después veremos el uso que se le dio en el convento.

Lo que más llama la atención al ver la bañera es su altura de 90 cm, lo que lleva a preguntarnos cómo se entraría. Aunque la primera respuesta podría ser usando un taburete, una silla o una pequeña escalerilla, también podía colocarse parcialmente hundida o con unas escaleras de obra al lado.

En el interior pueden observarse dos protuberancias que sirven para sentarse y para hacer pie al salir; es probable que se colocase apoyando entre ambas protuberancias otro elemento, como una tabla, que facilitase el sentarse a tomar el baño.

La bañera se llenaba a calderos, habiendo tapado el desagüe inferior con un corcho de gran tamaño o un trozo de madera envuelto en trapos.

Ahora bien, dado que los frailes no se bañaban, en el convento la bañera fue destinada al lavado de la ropa blanca con lejía, especialmente las prensas interiores y quizá también algunas sábanas, todas ellas de tejidos naturales (algodón, lana) y que amarilleaban con el tiempo y uso, de ahí la necesidad de lejía para devolverle su blancura original.

Convento Capuchinos

En el recuadro, antiguo edificio donde se elaboraba la lejía.

La bañera estaba colocada en un cuarto especial destinado a la elaboración de la lejía, y que actualmente ha desaparecido (estaba situado en la zona anterior a los contrafuertes de la iglesia).

El proceso para lavar la ropa con lejía casera era el siguiente: se ponía a calentar agua hasta que hirviese; mientras, se colocaba, dentro de la bañera, la ropa que se quería lavar, húmeda, sin añadir jabón ni ningún otro producto, bien estirada una prenda sobre la otra para facilitar el paso de la lejía. En la parte superior de la bañera se estiraba una tela de lienzo, tejido muy rígido, que hacía las veces de colador, y sobre esta tela, se echaba ceniza, cuanto más fina y blanca mejor. Una vez hubiese hervido el agua, comenzaba el proceso de colar, que es el que da origen a la expresión “hacer la colada” como sinónimo de lavar ropa, echando poco a poco el agua hirviendo sobre la ceniza, que se filtraba hasta la ropa, y pasando capa por capa, terminaba saliendo por el desagüe. Al pasar el agua caliente por la ceniza, transforma el carbonato de potasio presente en la ceniza en hidróxido de potasio, la lejía casera, mucho más suave que la actual lejía que encontramos a la venta.

Desagüe bañera antigua

Desagüe

El proceso era largo, y duraba tanto como tardase la ropa en quedar blanca. Una vez blanqueada la ropa, se debía enjuagar bien con gran cantidad de agua, por lo que se llevaba al antiguo lavadero del convento (hoy desaparecido) y luego se tendía al aire libre.

Author: Capuchinos

One Response to "Pieza del mes: Bañera"

  1. María
    María Posted on 23 septiembre, 2015 at 14:28

    Una explicación buenísima… No sabía de dónde procedía la expresión “hacer la colada” … Súper interesante!